Los trigramas y los 64
El Libro de las Mutaciones está escrito con un alfabeto de dos letras: una línea entera y una línea partida, yang y yin. El Gran Tratado las pone en una sola frase: el yin y el yang que se relevan, dice, son el Dao — no uno u otro, sino su alternarse. Todo lo que el libro sabe decir, lo dice combinando estas dos líneas.
Tres líneas, una sobre otra, hacen ocho figuras: los trigramas. Llevan nombres de cosas del mundo — el Cielo, la Tierra, el Trueno, el Agua, la Montaña, el Viento, el Fuego, el Lago — y el libro los piensa en parejas: cielo y tierra fijan los puestos, montaña y lago intercambian sus soplos, trueno y viento se encienden mutuamente, agua y fuego no se hacen la guerra. Son las ocho naturalezas que vuelves a encontrar en el mapa de esta Biblioteca.
Cada uno tiene un carácter, y el libro lo dice en una palabra: el Cielo es fuerza, la Tierra secunda, el Trueno es movimiento, el Viento penetra, el Agua es el peligro del abismo, el Fuego se adhiere y da luz, la Montaña se detiene, el Lago es alegría. Y tienen una familia: Cielo y Tierra son el padre y la madre; el Trueno, el Agua y la Montaña los tres hijos, del mayor al menor; el Viento, el Fuego y el Lago las tres hijas.
Dos trigramas, uno sobre otro, hacen un hexagrama: seis líneas, y sesenta y cuatro figuras posibles, ocho por ocho. El de abajo se llama inferior, y es el primero en formarse, porque las líneas se posan desde abajo; el de arriba, superior. El Tratado sobre los trigramas lo dice en una línea: doblado, el trigrama da las seis líneas. En el mapa de esta Biblioteca las columnas son el trigrama superior y las filas el inferior: cada celda es un hexagrama, y el mapa es toda la combinatoria del libro, sin restos.
Mucho del sentido de una figura está ya en el encuentro de sus dos naturalezas, y la Imagen — el comentario de las Alas que acompaña a cada hexagrama — empieza casi siempre por ahí. El Cielo abajo y la Tierra arriba: «cielo y tierra se unen», y es la Paz, el undécimo. La Tierra abajo y el Cielo arriba: «cielo y tierra no se unen», y es el Estancamiento, el duodécimo. Las mismas dos naturalezas, cambiadas de puesto: dos mundos.
En la ficha de cada hexagrama encuentras, por orden, su glifo y los dos trigramas, arriba y abajo; luego el Dictamen, la Imagen y las Líneas. El Dictamen es el texto más antiguo, la frase que pesa la figura entera; las Líneas son los seis textos que la tradición atribuye al duque de Zhou, uno por cada puesto.
Las líneas se cuentan desde abajo: la primera es la más baja, la sexta la más alta. Y se llaman con un número que dice su naturaleza: nueve la línea entera, seis la línea partida. Así «Nueve al comienzo» es una línea entera en el primer puesto, «Seis en el tercer puesto» una línea partida en el tercero, «Nueve arriba» una línea entera en lo más alto.
Los números vienen de la cuenta. Con las monedas, tres caras sumadas dan seis, siete, ocho o nueve. Siete y ocho son líneas jóvenes, quietas: yang estable, yin estable. Nueve y seis son líneas viejas, que han terminado su carrera y se vuelcan en su contrario: yang mutante, yin mutante. Cuando una línea muta, la figura cambia, y del hexagrama salido de las monedas nace un segundo: es la transformación. El primero y el segundo hexagrama tienen un séptimo texto, para el caso raro en que las seis líneas mutan a la vez: trescientas ochenta y cuatro líneas en total, más esas dos.
Los sesenta y cuatro están en el orden que la tradición atribuye al rey Wen y que el libro lleva desde que lo conocemos: en parejas. A cada figura la sigue su invertida, la misma leída al revés; y las ocho que invertidas quedan iguales — lo Creativo y lo Receptivo, y luego 27 y 28, 29 y 30, 61 y 62 — se emparejan con su contraria, donde cada línea cambia de signo. Veintiocho parejas de un modo, cuatro del otro. Por qué las parejas están en este orden y no en otro, nadie ha sabido decirlo nunca con certeza; una de las Alas, la Secuencia, intenta contarlo como una cadena de consecuencias — empieza por cielo y tierra, de los que nacieron todas las cosas — y se cierra en Antes de la Consumación, porque el sucederse de las cosas, dice, no puede tener fin.
Otros órdenes han existido: el manuscrito de Mawangdui agrupa los hexagramas por trigrama superior, ocho por ocho; Shao Yong los dispuso en su cuadrado. Esta Biblioteca conserva dos: el mapa sigue los trigramas, la lista y el hojeo siguen el número. Cualquier figura que salga de tus seis líneas está en una celda del mapa y tiene un número en la lista; tiene un nombre, un Dictamen, una Imagen, seis Líneas — y, si una línea se mueve, una puerta hacia la figura de al lado. Sesenta y cuatro modos en que el mundo se transforma: ni uno más, ni uno menos.